España ha dado un paso que, lejos de ser una renuncia, se ha convertido en una conquista. Tras la retirada de Eurovisión, RTVE ha confirmado que el Benidorm Fest seguirá celebrándose en febrero, con sus galas transmitidas como siempre, pero ahora con un horizonte mucho más ambicioso. Lo que antes era un mecanismo para elegir al representante español en un certamen europeo, se transforma en un festival autónomo, con identidad propia, con premios reforzados y con la libertad de no tener que pensar en cómo agradar a jurados internacionales ni en fórmulas que encajen en un tablero político. La música española se libera de esa presión y total.
La comparación más clara es con el Festival de Sanremo en Italia, que desde hace décadas funciona como un escaparate nacional de talento y creatividad, con una fuerza cultural que trasciende incluso su vínculo con Eurovisión. RTVE quiere que el Benidorm Fest siga esa senda, la de un certamen que no dependa de Europa para legitimarse, sino que se sostenga por sí mismo, con el apoyo de instituciones locales y con la ambición de convertirse en el gran festival de la música española. El premio económico de 100.000 euros, la inversión en escenografía y la apuesta por artistas de primer nivel son señales inequívocas de que la corporación no lo concibe como un concurso menor, sino como un evento de referencia.
España ha salido ganando porque ya no se trata de componer canciones que “entiendan” países lejanos ni de adaptarse a jurados que muchas veces responden a intereses ajenos a lo artístico. Ahora la brújula apunta a la libertad creativa, a la posibilidad de arriesgar, de innovar, de mostrar la diversidad musical sin filtros. El Benidorm Fest se convierte en un laboratorio de estilos, en un escaparate de voces y propuestas que reflejan la riqueza cultural del país. Y lo hace con la ventaja de que el público español será el verdadero protagonista, sin la sombra de un festival europeo que tantas veces ha reducido la música a un juego de equilibrios políticos.
El futuro del Benidorm Fest es, por tanto, el de un festival que puede crecer en cada edición, consolidarse como cita imprescindible y, con el tiempo, alcanzar una dimensión simbólica semejante a la de Sanremo. RTVE ha entendido que la retirada de Eurovisión no es un final, sino el inicio de una etapa en la que España puede construir su propio relato musical, con dignidad, coherencia y, sobre todo, con libertad. La música española ya no compite por votos extranjeros: se celebra a sí misma, se expande y se reinventa. Y en ese camino, el Benidorm Fest es la gran victoria.
© Pepe Callejón. Haikú Dj.
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